Mi tercer ojo, Patricia Binome

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He de decir de Mi tercer ojo como de la espiral que se sucede mientras atraviesa la palabra. A la manera de algunos sonidos, las tres partes de este poema largo, orquestan oscura melodía: el golpe del martillo sobre el clavo, el escozor silente de la indómita grieta, el crepitar de ascuas luego del fuego, el ladrido de un perro inconcluso. Refugiarse en las palabras puede ser un acto cotidiano, pero hacer de ellas filo -para cortar-, es un arte. La pupila atenta, el oído finamente amaestrado, nunca dormido.

Abrir el significado de las palabras para luego observar por dentro. Comprender la intención de las palabras para luego celebrar su erosión. Patricia Binôme plantea, desde lo siniestro de los niños, la suerte del chamán: un caso de abandono universal, irrevocable consecuencia. ¿Búsqueda de la figura paterna? ¿Reconstrucción de su estructura? ¿Rezo, recuperación, lavado, granizo? “Las palabras poco a poco están siendo sanadas./El fuego es el agua y el aire es un pensamiento desbaratado./ No hay que sanar personas sino palabras./ Aquí empieza la nueva alquimia: trasmutación del sueño.” Palabras bálsamo, palabras cura, palabras clavo, palabras llaga, palabras sombra, palabras espíritu.

¿Metafísica de las palabras? Sin duda alguna: sonido.

La búsqueda no ceja aquí. Mi tercer ojo de Patricia Binôme deviene dibujos, formas, el movimiento finisecular del ojo, el comienzo del otro, secuencias en blanco y negro, quizá galaxia, quizá planeta, quizá mero polvo o pupila. O como ella dice: Pequeños milagros.

Amaranta Caballero Prado

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PrismA, Jhonnatan Curiel

PRISMA-PORTADA-2013

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PrismA Jhonnatan Curiel edición virtual

En Prisma de Jhonnatan Curiel participamos de una entidad primigenia que se proyecta inconmensurable, una épica personalísima que abre comunicación con la naturaleza. Aunque no llega a ser una escritura hipergráfica, Prisma condensa episodios de una mitología en fuga y allí se encuentra el logro de la reescritura de la humanidad, donde la brecha entre historia y pre-historia se sublima con los relatos de un manuscrito colectivo. El lenguaje construye la voz o la voz construye al lenguaje para integrar así el primer lado del prisma: Babel. En la lengua, la humanidad habita, emigra y crea civilizaciones. Sin embargo, la caída de la lengua, como lo propone Curiel, no acaba con el ejercicio de deletrear emociones. Subsisten los libros indescifrables, las obras fantasmas que ya no son agenciadas por los códigos lingüísticos. Reales o no, resultan fabulosos estos pobladores que habitaron el continente inicial. Después, cuando el lector decida regresar a las hojas de este libro, sabrá que “Desde la altura se miraban los campos de Sennar, y las llanuras rojas de Dilmún otra vez”.
Manuel de J. Jiménez

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